No es casualidad que empiece el año y hablemos de este tema. Dejar de fumar es uno de los propósitos de año nuevo por excelencia, y más aún, si acaba de entrar en vigor una ley que persigue a l@s fumadores.
Como fumadora en vías de convertirse en ex, y después de casi una semana sin humo en mis pulmones, pretendo actualizar este Blog con un poquito de info acerca del mito "Dejar de fumar engorda".
Como mucha gente sabe, cuando se deja de fumar se produce una mejora en el sentido del gusto y el olfato, se altera el sistema hormonal y nervioso y la capacidad para digerir alimentos y asimilar nutrientes. Nuestro estado de humor también se ve afectado, en muchos casos se produce el conocido síndrome de abstinencia causando ansiedad, insomnio, mal humor, etc.
Es cierto que para paliar este estado de nerviosismo exagerado y ansiedad solemos picotear, sobretodo alimentos grasos y dulces que nos producen sensación de saciedad y bienestar, pero aún así, no solo engordamos por lo que podamos comer de más. También ganamos peso porque se da un cambio en nuestro metabolismo.
La nicotina actúa en nuestro organismo disminuyendo nuestro apetito y los movimientos muscular a lo largo de todo el sistema digestivo, lo cual conlleva una menor asimilación de nutrientes, y por lo tanto, no aprovechamos energéticamente todo lo que comemos.
En cambio, cuando dejamos de aportar nicotina a nuestro cuerpo, el sistema digestivo recupera su ritmo normal, con lo cual, comiendo lo mismo, es normal que engordemos un poco ya que aprovechamos todo aquello que ingerimos.
Sabiendo esto, la clave para no engordar es aumentar el gasto energético, seguir una dieta equilibrada e intentar no picotear mucho entre horas.
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